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La creatividad manual en las sociedades precolombinas de Panamá

En la antigua comprensión de Tierra Firme o Castilla del Oro (actual República de Panamá), los aborígenes desarrollaron diferentes actividades manuales con innegable creatividad  y gracias a los recursos naturales del entorno. La vida cotidiana no sólo se concretó a una monótona subsistencia, sino incluyó la fabricación de objetos utilitarios y suntuarios. El  aborigen empleó  especialmente para trabajar los elementos diferentes arcillas, huesos de animales, conchas (género spondylus) y piedras (ágata, esmeraldas), e inclusive dientes humanos en ciertos casos, además del oro, abundante en los ríos. Los procesos creativos además de altamente complejos conllevaron tareas de extracción de arcillas con calidad y sabias o pigmentos vegetales para pintar recipientes y telas.

pieza-PreColombina3Al confeccionar las piezas con arcilla y oro se manifestó la sabiduría innata del aborigen, pues a pesar del atraso tecnológico y contar con poquísimos implementos o herramientas, el talento afloró no sólo para responder a ciertas necesidades básicas, sino suplir a veces alguna vanidad personal de los usuarios. Una buena observación a las características físicas de algunos materiales de trabajo y atinados criterios de selección contribuyeron a realizar objetos sumamente  singulares.

Los pueblos originarios del Istmo identificaron sitios de dónde extraer materias primas de calidad y también logran dominar distintos procesos de manufactura con extrema precisión. Sabían del tiempo de cocción a la arcilla y conseguir una cerámica consistente para preservar distintos alimentos, líquidos y granos. Derriten al oro y combinan con cobre para elaborar mejor y más fácil una pieza orfebre (tumbaga), la cual primeramente  fue realizada en un molde con cera de abejas.

Las crónicas registran indígenas con vistosos collares, patenas, orejeras, narigueras, brazaletes y pendientes -a veces con diseños antropormos y zoomorfos-, y en otras ocasiones, predominan ranas, aves (con alas desplegadas), cocodrilos, murciélagos y hasta personajes estilizados con objetos en manos, posibles atributos de liderazgo tribal. Aunque menos comunes reprodujeron arañas, langostas, caballitos de mar y cierta variedad de perro doméstico y animales fantásticos donde el orfebre combinó elementos extraídos de mamíferos, reptiles y ranas.

Los cronistas se refirieron también a textiles y hamacas elaboradas con una variedad de algodón local, y por supuesto, a recipientes pintados con colores violeta, crema, negro y púrpura, extraídos de minerales y tierras arcillosas; colores sumamente llamativos a los colonizadores españoles; a veces los objetos aparecen con el repetitivo simbolismo de la voluta YC o espiral divergente, característica del arte Gran Coclé, dentro de la simbología precolombina panameña.

Con la llegada del coloniaje a Panamá, se implementaron nuevas costumbres, aunque actualmente existen varios grupos indígenas -gunas, ngöbes, buglés, nasos, bribís, emberá y wounaan-  no conservan todo su mundo ancestral. Apenas mantienen ciertos conocimientos técnicos y costumbres de los ancestros, pues mucho del patrimonio original se perdió con el paso de los siglos. Diferentes ornamentos en oro son empleados por las mujeres gunas de San Blas en brazos, nariz, cuello y pecho; o continúan mujeres y hombres wounaan y emberá pintándose la piel con jagua (Genipa americana) y achiote (Bixa Orellana).

A través de la belleza sempiterna de los diseños y el exuberante colorido de la cerámica precolombina, además del exotismo de la peculiar orfebrería, no sólo demuestran aquel rico imaginario cultural de nuestros pueblos ancestrales, sino también la creatividad manual de los pueblos originarios panameños.

El Museo del Canal Interoceánico de Panamá -MUCI- muestra pieza-PreColombina4especial interés por el tema precolombino, génesis de nuestra larga historia como país de tránsito y ruta de comunicación con otros pueblos del orbe. La colección en exhibición y la propia literatura empleada para ilustrar al visitante permiten a los visitantes no sólo un deleite visual  y profundo conocimiento de nuestra realidad, sino la alta creatividad disfrutada en nuestras comunidades indígenas. Desde el surgimiento del Istmo hasta la llegada de los primeros grupos paleoindios aproximadamente entre 12,000 al 8,000 A.C. encontramos excelentes ejemplos en nuestro Museo, un pasaje directamente al conocimiento de nuestra propia realidad.