Cajoneras de los portales, en la memoria de Quito

Cajoneras de los portales, en la memoria de Quito

Quito, Ecuador es una ciudad de contrastes. Una ciudad llena de artesanos y oficios, uno de ellos es el de la cajonera.

La Fundación Museos de la Ciudad, a través del Museo de la Ciudad, junto con el Departamento de Antropología, Historia y Humanidades de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, en el Marco de la Conferencia internacional Habitat III, presenta una exposición para conocer más de los habitantes de Quito.

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La exposición Cajoneras de los Portales, plantea un acercamiento a la memoria de la ciudad a través de una propuesta innovadora y atractiva que permitirá a los visitantes conocer más sobre el comercio popular y la vida cotidiana en Quito. La exposición se inaugura el miércoles 5 de octubre a las 19:00 en el Museo de la Ciudad y estará abierta al público hasta marzo de 2017.

La figura de la cajonera destaca de entre otros oficios quiteños por su papel dinamizador del comercio. En ella confluyeron decenas de labores artesanales desarrolladas en la urbe y fuera de ella, las cuales también forman parte de la exposición. La riqueza patrimonial que conserva este oficio forma parte de la memoria de la ciudad y aún permite reencontrarnos con artículos que forman parte de un Quito que se niega a ser absorbido por la globalización.

Es por ello que el Museo de la Ciudad, junto con la Facultad latinoamericana de Ciencias Sociales (FACSO-Ecuador), con base en una profunda investigación, presenta un acercamiento a la estética, los colores, los oficios y las relaciones sociales alrededor de las cajoneras de Quito. Un oficio que prosperó en el siglo XIX y que ha sobrevivido al tiempo como al surgimiento de bazares y tiendas que fueron ocupando más y más locales en el Centro Histórico.

La Cajonera fue cambiando y adaptándose para no desaparecer aunque el tiempo parece llevar a su final a este personaje y su labor.

Su último reducto

La Plaza de Santo Domingo, en el Centro Histórico de Quito, es hoy su último reducto. Donde hace treinta o cuarenta años había un portal lleno de ellas, hoy solamente quedan dos cajoneras.

En los años 50 del siglo pasado el negocio de la cajonera prosperó de tal manera que decenas de ellas ocupaban los bajos del antiguo Municipio y el Palacio Arzobispal, convirtiéndose en un personaje representativo del comercio en Quito, un comercio popular que ocupaba el lugar donde se permitía una mayor libertad en las relaciones entre compradores y vendedores, las plazas y los portales del Centro Histórico.

Fajas, cintas, máscaras, peines, muñecos de trapo, juguetes de madera y de metal, trompos y decenas de otros artículos populares fueron los más solicitados por parte de compradores durante décadas. La Cajonera paulatinamente se convirtió en la mediadora entre los productores y los compradores, un dinamizador del comercio popular surgido espontáneamente de las necesidades cotidianas, pues muchos de los productos expuestos en estos pequeños “almacenes” no eran fácilmente encontrados en otros lugares. Indígenas y mestizos eran los principales compradores.

La cajonera propuso una forma de comercio que se mantiene, aunque sin el característico cajón en medio de un portal, en las calles de la ciudad; todavía basado en las necesidades que surgen en el interaccionar cotidiano de la ciudad.