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¿Te animas a ver la esencia de las cosas en MARTE?

Mauricio Aguilar llega con su abra a el Museo Nacional de Arte de El Salvador (MARTE).

Este salvadoreño huidizo, medroso ante lo espectacular, se negaba a exhibir en Washington, Nueva York y en París, donde se reclamaba su arte. Tampoco accedía a que sus compatriotas disfrutaran de su labor. Recluido en un taller asentado en uno de los parajes más hermosos de estas tierras volcánicas, enemigo de su luz brutal, hacía tapiar las ventanas con paños negros, y hasta las rendijas más insignificantes bajo las puertas irritaban su retina. Veía los volcanes y los pasaba a la pintura en una masa violácea uniforme. Los contornos de las montañas estaban delimitados sólo por la mayor o menor aridez de la superficie pictórica. Unos peces estirados y fijos se alineaban dentro de ese espeso caldo de indefinido matiz. Poco a poco hubo otros temas, tan esquemáticos o esenciales como aquéllos: botellones, vasos, molinos de café. Simples pretextos para conjugar una atmósfera rara en un espacio difícil e inasible.

DSCN0895Esta temática de lo inmóvil, de las formas más puras y esenciales es el instrumento de acción de un artista genuino que jamás se preocupa por nuevas direcciones y, mucho menos, por estar al día. Preguntarle si le interesa la moda, si le sorprende lo novedoso, sería insultarle. La relación de espacio y luz es su problema básico y, para desentrañarlo, no tiene urgencia en acudir a formas a un cierto tiempo o a una cierta escuela ni a dirección alguna. Para ello recurre a una botella, a un vaso, a un pescado, y les elimina todo lo accesorio. Los deja en su esencia, los perfila en un espacio de dos dimensiones, un espacio pictórico puro y comienza a destruir sus contornos, a fundirlos como en un acto de magia, en la luz o, si queremos verlo así, los saca de la sombra. Para Aguilar lo que importa es que la luz y espacio sean una sola cosa. Toda distancia queda anulada y el objeto, nada más ni nada menos, se convierte en un pedazo concreto de luz pura, plástica, que está concebida con las más complejas sutilezas de paleta que caracterizan a estDSCN0898e gran pintor centroamericano. Un azul puede asomar, sin identificarse, dentro de un cuadro ocre y un rojo mezclarse dentro de un gris azuloso. Las costras se elevan con un sentido preciso de límite y en constante llamado del tacto.

Fragmento de “EL SALVADOREÑO AGUILAR EXHIBE” por José Gómez Sicre, 1965

Archivo del Museo de Arte de las Américas, OEA

Sobre el artista 

Mauricio Aguilar nació el 21 de octubre de 1919, en San Salvador. Muy joven, se trasladó con sus padres a Francia, donde se educó. En 1934, fue aceptado en el taller de Christian Bérard y comenzó a pintar. Luego, continuó sus estudios en L’Academie Julien. En 1971, dejó la ciudad de Paris para mudarse de nuevo a San Salvador.

Mauricio Aguilar

Continuó pintando en su estudio en los Planes de Renderos. Viajaba de manera periódica a Paris y a Nueva York. Pintaba continuamente, pero acostumbraba destruir mucha de su obra pictórica. Murió en su ciudad natal, el 1 de abril de 1978. Realizó exhibiciones individuales en San Salvador, Lima, Nueva York y Washington D.C. Participó en la Bienal de Sao Paulo en 1967 y también formó parte de exhibiciones colectivas en Estados Unidos y México.