La artista Lucy Yergos.

Lucy Yegros en su cielo de diosas guaraníes…

La segunda edición de la Bienal Internacional de Asunción 2017 “Significar lo imposible – Ikatu’yva ñemboheko”, organizada por el Centro Cultural de la República El Cabildo, extensión del Congreso de la Nación, se desarrollará a lo largo del mes de septiembre en diferentes salas, con casi un centenar de artistas locales y extranjeros exponiendo en diferentes salas. Para acercarnos a la visión de estos creadores, que comparten sus mundos, imaginación y talento con el público, conversamos con Lucy Yegros; artista que hace de sus raíces guaraníes parte fundamental y primigenia de su obra.

 

 

Siglo XVI. Provincia Gigante de las Indias. La historia arranca cuando el enviado de la corona española, Diego de Yegros, desposa a Leonor, hija del Cacique Moqüirase. Con ellos se iniciaba el árbol genealógico de los Yegros, que tendría entre sus miembros más célebres a Fulgencio, uno de los próceres de nuestra independencia. “El hijo mayor de los Yegros siempre se llama Fulgencio”, nos comenta Lucy, la artista descendiente de Leonor, Diego y Fulgencio. Sus años de vida y trayectoria artística la comprometieron aún más con sus raíces nativas. No obstante Lucy afirma que ella solo deja fluir a su alma. “La verdad es que yo no miro en ninguna parte. Voy haciendo y va saliendo. Pinto muchas diosas y también muchas máscaras, y también el hombre como un mburuvicha”.

La artista interactuando con su obra. Foto: Esteban Cabral.
La artista interactuando con su obra. Foto: Esteban Cabral.

Este lenguaje del alma toma la forma de “Ava Ñe’e” en la propuesta que Lucy Yegros -como artista invitada de la Segunda Bienal de Asunción-BIA 2017- acerca al público en la sala de Arte Indígena del Centro Cultural de la República El Cabildo (Avda. de la República casi Chile y Alberdi).  “Ava Ñeé” comprendido como el idioma del ser. “Me encanta el guaraní, me parece una lengua tan hermosa. Mi tío enseñaba Etimología Guaraní y yo me iba de oyente y aprendí muchísimo. El guaraní es como los colores, que vas mezclando y sale otra palabra y otro color”, comenta al referirse a la muestra.

Lucy Yegros
En medio de la embarcación nativa se aprecia la faja que un indígena le regalara al esposo de la artista al caer herido durante la guerra del Chaco (1933-1935). Foto: Esteban Cabral

 

La trama de la exposición arranca con una faja que un indígena le entregó a su esposo herido durante la Guerra del Chaco para ayudarlo en su recuperación. Una vez sano, cuando él se sintió mejor quiso regresar la faja al indígena pero él le dijo que la guardara, que le serviría para su curación siempre. “Mi esposo amaba esa faja porque le había salvado la vida y antes de morir me la regaló”, recuerda. “Esa faja tiene muchos motivos que para mí son como meta-mensajes. Yo no sé el idioma de ellos, son símbolos. Comencé a trabajar sobre ellos y hace tiempo que estoy trabajando sobre eso”, agrega. “Me gustaría saber más de estos símbolos pero es muy difícil. Digamos, esta diosa que está acá está rodeada de símbolos. Somos, estamos rodeados de símbolos. No sabemos el mensaje o el meta-mensaje de todo”, reflexiona.

–          Trabajás con símbolos que decís no conocer. ¿Eso sale del inconsciente?

Sale totalmente de mi inconsciente. Pero si uno se fija bien en otras culturas, ellas utilizan mucho la geometrización.

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Lucy en su cielo guaraní sonríe a las diosas de sus ancestros. Foto: Esteban Cabral.

 

–          Para mí por ejemplo es un tercer ojo…

Todas mis diosas tienen el tercer ojo y también mis máscaras. Si te fijás tienen la nariz y las cejas como el niño que llevamos adentro, que nunca tenemos que olvidarnos de ese ser de luz, porque nosotros somos partículas divinas.

          Tu obra está muy vinculada con la espiritualidad. ¿Cómo llegaste a eso o siempre se dio así?

Creo que fue una prueba de Dios. Hace muchos años estuve viviendo en Hawai. Tuve unos percances y me sentí muy mal. Entonces vi una luz que me dijo: “detente”, entonces conocí a un maestro de yoga en la playa y empezó toda mi espiritualidad. Yo creo que es una prueba de Dios y es un don también.

–          ¿Alguna vez tuviste que lidiar con el escepticismo, con la duda espiritual?

Yo tuve la suerte de conocer la Teosofía y cuando vino el presidente de la Sociedad Teosófica al Paraguay me pidió un amigo que fuera traductora de él, del inglés al español, y este señor dijo que yo sería la secretaria para que pudiera aprender más. Y fui secretaria durante 30 años y ahora practico la Teosofía diariamente.

–          ¿Eso qué sentís que le dio a tu obra?

Yo creo que la Teosofía es muy amplia porque acepta todas las religiones, los colores, inclusive uno tiene que investigar porque si uno investiga un poco de religiones, todos buscamos al ser superior.

         Y la espiritualidad en sí, ¿qué pensás que te enriqueció?

Creo que nosotros somos espíritu y es como un espejo en donde uno plasma lo que siente. Yo por ejemplo no miro, hago nada más, me sale. A veces sí pienso más en mi obra, pero por lo general simplemente sale.

De una faja indígena al cielo de Lucy

Lucy también tiene su cielo, se compone de símbolos y ancestros en permanente comunicación con el universo. Esos son sus diamantes.

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“Estamos rodeados de símbolos”. Foto: Esteban Cabral.

 

–          ¿Cuáles son las líneas de pensamiento que dispara esa faja?

Tiene los rombos y en el medio como un puntito. Yo le había preguntado una vez a un amigo indígena qué significa: “koa kuña, ha koa kuimba’e”, me respondió. O sea “esta es la mujer y este es el hombre”. ¿Y el punto del medio?, le insistí. Se río como con picardía y me respondió: “Ese es como el fruto del amor: la semilla”. Por eso yo uso mucho ese fondo, cuando voy haciendo, voy pensando: la mujer es feliz con un hombre, o un hombre es feliz con la mujer. A pesar de que ahora con todo este tema de género…

–          Eso iba a preguntar, en estos tiempos de la diversidad…

Ya en tiempos de los griegos se decía que el mejor amor es el amor del mismo sexo; tanto las mujeres como los hombres.

          O sea que el mensaje actual sería el del complemento entre dos seres…

Exactamente.

–          ¿En qué momento decidís ser artista?

Siempre me gustó el arte, pero me dediqué más tras quedarme viuda en los 80. Antes yo ya estudiaba con Livio Abramo, por ejemplo, cursos cortos, en aquel entonces no existía todo lo que hoy existe.

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Las oscuras y solitarias noches del campo la poblaron de estrellas y raíces… Foto: Esteban Cabral.

 

Le preguntamos cuál es su expectativa con respecto a esta muestra. “Me gusta mucho lo indígena, son mis raíces, ¿verdad?”, contesta. La respuesta tan sencilla como profunda. Así es y se muestra, una vez más  Lucy en su cielo de símbolos, ancestros y recuerdos…