La huella invertida

La Huella Invertida: La fotografía como testigo de la historia

Desde su aparición, la fotografía ha formado parte de la memoria, inmortalizando los momentos más importantes de nuestra historia reciente convirtiéndose, de esta forma, en un auténtico documento social.

La fotografía lucha constantemente contra la muerte y el olvido, en ella sobrevive la pasión por captar algo para el recuerdo; es como una memoria eternamente presente que construye imágenes de hechos y personas que queremos seguir viendo y sintiendo.

La democratización del retrato, ocurrida inicios del siglo XX con el abaratamiento y perfeccionamiento de la técnica fotográfica, provocó un aumento de la demanda de este tipo de reproducciones. El retrato individual seguía siendo el más solicitado, pero el de familia empezó a ocupar un lugar importante dentro de los encargos. Los fotógrafos trataban de captar la esencia de la estructura familiar que giraba en torno al orden patriarcal. Asimismo, las ciudades, los paisajes y las escenas de la cotidianidad se convirtieron en el foco de atención de los pioneros de la técnica.

En ese contexto, José Domingo Laso fue un fotógrafo de enorme importancia para reafirmar y reproducir el discurso instaurado por los grupos de poder de inicios del siglo XX en Quito. La importancia del trabajo de Laso se manifiesta en sus publicaciones y en las colaboraciones realizadas para varios investigadores del siglo XX. Sus fotografías fueron reproducidas en postales, en libros, revistas.

Gracias a su esfuerzo se convirtió en uno de los más famosos fotógrafos del Ecuador y fotografiaba a familias pudientes, a los nobles de Quito y a las familias burguesas, pero también de la ciudad, sus habitantes y la vida cotidiana, pero matizado por el discurso hegemónico de la época.

José Domingo tenía un taller de fototipia y fotograbado, que fueron las técnicas que permitieron que democratizara las imágenes, pues estas estaban confinadas durante mucho tiempo al ámbito privado. No conforme con el ajetreo de su oficio, este fotógrafo publicó 7 libros y cerca de 250 postales, que abordaron 3 grandes temáticas: Quito, los alrededores de la ciudad y los indígenas y sus costumbres.

La serie de postales de Quito fueron las qué más se enfocaron en de hacer de Quito un “Buenos Aires o un París chiquito” y para lograrlo debía, en algunos casos, eliminar a ciertos elementos o personajes que no “favorecían” a la imagen, en su mayoría indígenas que según Laso, curador de La Huella Invertida, “eran personajes de otra época, que no debían aparecer en las imágenes de Quito, con las que José Domingo Laso intentaba mostrarla al mundo”.

Para realizar este trabajo, implicaban un esfuerzo enorme e nivel microscópico, pues la técnica consistía en tallar y dibujar directamente sobre la plana de vidrio que era el negativo de la fotografía. Ese y otros procesos formaron parte habitual en el oficio de Laso en su afán de producir imágenes atractivas, promocionales, publicitarias de Quito. Es en este punto en que la exposición “La Huella invertida” plantea una reflexión en torno al rol social de la fotografía y su capacidad de captar fielmente la realidad.

Masificar la imagen de Quito era una de los mayores deseos de José Domingo Laso.